domingo, 8 de junio de 2008

Como no hacer cosas para cambiar el mundo

Cuatro pistas para jóvenes revolucionarios

por Alejandro Abufom

Iván Illich relata en un texto ("La gente silenciosa") como, en una ciudad de Alemania, personas que querían protestar se agrupaban en las calles de mucho tráfico y, parados uno junto al otro, simplemente hacían silencio: estaban callados durante alrededor de una hora, sin moverse, sin responder a los transeúntes, apenas moviendo los pies para aplacar el frío. Una o dos personas portaban un cartel que daba el motivo de su posición: "Estoy en silencio porque no tengo nada que decir sobre la destrucción nuclear". Cuando la hora acababa, se dispersaban sin emitir proclamas y se reagrupaban en otra esquina.

¡Extraña manera de protestar, no cabe duda! Yo quiero verla como una nueva actitud frente a este tipo de sociedad que muchos queremos cambiar. Todos sabemos que, desde hace siglos, las cosas no andan muy bien. Hemos ocupado diferentes métodos para inducir ese cambio y los resultados siempre son espejismos, a los que incluso se les puso el nombre de utopías. Frente a la necesidad de transformaciones sociales siempre decimos: "hay que hacer algo", lo que significa, mucho movimiento, agrupaciones, movilizaciones, propaganda, en fin, siempre mucho despliegue energético.

Ahora quiero proponerles otra manera de protestar y producir cambios sociales: el no hacer activo. Son ideas que están al alcance de cualquiera y no se necesita de grandes recursos, ni de la destrucción de medio planeta que no piense como uno. Consiste simplemente en cambiar la dirección de tus esfuerzos, manteniendo las mismas ganas de hacer una revolución transformadora.

1. El no hacer activo consiste en no tragarse todas las ideas en boga. Se trata de utilizar todos tus recursos e inteligencia para pensar y cuestionar lo que sucede a diario a tu alrededor. No consumir pasivamente lo que te dicen, por ejemplo, sobre el trabajo, el éxito, la plata, los valores, etc. Tu puedes reflexionar sobre lo que sucede en tu casa, en tu escuela, en tu relación con los otros, sobre lo que pasa en tu país, en tu planeta... No se trata de convertirse en el típico intelectual o filósofo latero, sino de tomarse el tiempo necesario para replantear con los amigos, la polola o con quien sea, si será tan cierto o valedero todo lo que te dicen. Para hacerlo sólo basta con tener un cerebro sano y detenerse cada cierto tiempo. Este tipo de personaje reflexivo suele ser mucho más peligroso para el establishment que un tipo con una molotov, porque no es controlable ni manipulable (condición indispensable que este tipo de sociedad impone para ser aceptado en ella y disfrutar de sus aparentes beneficios) Aquí es donde reside el primer secreto revolucionario: comenzamos a ser seres más libres.

2. El no hacer activo consiste en no comprar todo lo que te vendan. Nuestro sistema actual se basa en el consumo sin límites. Los gurús económicos dicen que a mayor consumo, mayor crecimiento y, por lo tanto, mayor beneficio en lo grupal como en lo personal. Entonces, despliegan un inmenso abanico publicitario, haciéndote creer que estás ejerciendo tu libertad porque optas por este u otro producto o servicio. El no hacer activo propone que la libertad está comprometida con las verdaderas necesidades de cada uno y para saber eso hay que sumergirse en un viaje interno para contestar: ¿ qué es lo que mi sociedad y yo necesitamos realmente? Sobre esto se ha teorizado bastante y es muy útil leer esos estudios, pues te hacen ver que esta sociedad ha revuelto, e incluso, invertido una escala de valores razonable. Conozco dos casos que muestran lo extenso y complejo de esto: el de una mujer que se gastó mil dólares en una tarde en Londres y, en el otro extremo, el caso de una pareja que tuvo como menú diario, durante un año, solo porotos. ¿En que parte de este espectro estás tú? Aquí está es segundo secreto para hacer la revolución: la sociedad consumista vive del consumo ilimitado, y la transformación real se logra entonces, abteniéndose, consumiendo lo mínimo indispensable.

3. El no hacer activo implica no caer en el espejismo de las drogas y el alcohol. Así como en los setenta las drogas consumieron la filosofía hippie y echaron por tierra un cambio social prometedor, hoy -las mismas fuerzas ocultas y tenebrosas de ayer- te venden la yerba para que tengas la fugaz sensación de escape y de evasión de esta misma sociedad. Es como comprar la entrada a un parque de diversiones que es financiado por la misma sociedad de consumo. No hay mejor estrategia para evitar los cambios que transformar a los posibles transformadores en tipos manipulables, dependientes y frágiles. No te olvides que el alcohol, las drogas y el tabaco son de los mayores y más rentables negocios que sostienen a la economía de consumo. No trato de hacer una prédica moralizante, sino de demostrar que siempre puedes ejercer tu libertad. Si necesitas la yerba realmente, ándate al campo a vivir otra vida y plántala tu mismo. Pero cuando hayas hecho esos cambios, ya no necesitarás de ella.

4. Por último, el no hacer activo consiste en aceptar que todos perpetuamos el sistema en que vivimos. Aceptar que siempre habrá un sistema. Quizás mejorado, remozado o con otros valores, pero que no hay manera de no estar dentro de uno. (Incluso hay quienes fantasean con una isla desierta, pero lo más probable es que a la vuelta de un tiempo, ya se hayan creado un sistema de vida propio) cada uno de nosotros está creando, a cada momento, el sistema. En este momento yo estoy escribiendo en computador fabricado en oriente, seguramente por niños mal pagados, utilizando materiales derivados del contaminante petróleo, enviándolo por internet y haciendo cada vez más rico a Bill Gates. El no hacer activo implica, sin embargo, el saber que yo lo utilizo como mi manera de participar de este Gran Juego que es vivir en sociedad y que puedo salirme cuando quiera, sin tener casi ninguna dependencia de ella. Que no soy utilizado. Entender que ocupo estos inevitables medios, en la medida indispensable, para imaginar y crear otro tipo sociedad. Así, el no hacer activo significa el estar en tránsito, realizando una tarea auto-escogida libremente.

Te propongo cambiar el mundo dejando de depender de él, haciéndote libre, sin esperar que el mismo sistema te otorgue la libertad. Te propongo aprender a decir que nó. A integrar a las formas de revolución la idea de lo pasivo, de la abstención, incluso, la idea del olvido. Creo de verdad que la mejor manera de derrotar a aquel que nos encierra y nos agrede es dejar de seguir su juego, no alimentarlo, no reforzarlo, dejarlo solo. Para que existan cárceles se necesitan carceleros y...prisioneros. No hay carceleros si no hay prisioneros. Yo propongo primero dejar de ser prisioneros.





2 comentarios:

por lo que no sabemos dijo...

creo en la auto soberania, aunque cueste... y a veces la creamos imposible...
esta buena tu propuesta...
estare al tanto de este blog
saludos

S.A

Atrapada en las masas...

JeSSicA dijo...

mm me gusto la entrada, personalmente creo que el dueño de nuestras vidas es la TV, si, ya que es el medio que mas influye en nuestras vidas, nos influye el temor, nos dice cual es la moda, como tenemos que ser (gordo, flaco, egoista, generoso, etc.), creo que una vez que dejemos de creer en este medio masivo (por lo menos en Chile), podremos ser libre de pensar y hacer tal como realmente queremos, sin la influencia de la TV.
Bueno el blog, saludos